Dudas, discursos y contradicciones

Llevo por lo menos tres semanas dándole vueltas a dos cosas. La primera de ellas, este post. La segunda, cómo será el discurso institucional de Francisco Camps hoy.

En todo este tiempo, no he sido capaz de dar con una respuesta a ninguna de las dos cuestiones.

No tengo claro cómo enfocar este post. Tengo tal cantidad de puntos de vista para el post que no acierto a escribir tres líneas seguidas sin saltarme el tema y cambiar de tercio. Por suerte, una encuesta publicada hoy por EL PAÍS, me ayuda un poco en la labor.

Según la encuesta, el 53% de los valencianos creen que el President de la Generalitat mintió sobre la cuestión de los trajes. Tal como yo lo veo, no es que el 53% de los valencianos lo crea, es que Francisco Camps mintió; primero sobre quién había pagado los trajes -él no, desde luego-, y después sobre si conocía o no a su amiguito del alma -Camps dijo que no conocía a Álvaro Pérez.

Otra cosa es que el TSJV esté presidido por otro amigote de Camps y que todos hayan jugado al límite de las reglas para ganar.

Además, el 83% de los encuestados cree que en el Gobierno de la Generalitat Valenciana, existe corrupción. Pero la misma encuesta revela que, de celebrarse elecciones, el PP ganaría en número de votos y de escaños.

Del otro lado, sólo el 20% de los encuestados sabe quién es Jorge Alarte, pero considera que el PSOE defiende peor que el PP los intereses de la Comunitat Valenciana. Es decir, ninguna novedad, el mismo panorama de siempre.

Francisco Camps bien podría afirmar “Yo soy Valencia” y quedarse tan pancho porque, de alguna forma es verdad.

Más de una vez me habréis leído perplejo por saber que los vecinos de municipios cuyos alcaldes están acusados de corrupción repiten en las urnas y reeligen al alcalde, incluso lo reciben con aplausos y vítores a su salida del juzgado.

Más de una vez me habréis leído diciendo que, en realidad, todos somos complices del mamoneo de estos años. Los resultados de la encuesta demuestran que es verdad, que todos estamos en el ajo y que la calidad de nuestra democracia es ínfima.

En este caso no se trata de un alcalde, se trata del President de la Generalitat. Los ciudadanos somos conscientes de que algo huele mal en el Palau de la Generalitat, pero aún así, estamos dispuestos a taparnos la nariz y seguir votando  a los responsables de tanta porquería.

Me cuesta entender que un votante del PP, de clase trabajadora, se desayune con el caso Gürtel y no se le atraganten las madalenas, los fartons o el café con leche.

Porque seguramente el coche de Costa, el reloj de Alperi o los trajes de Camps pueden parecer un mal menor, una nimiedad, pero son la materialización del compadreo de la clase política con una panda de chorizos.

Lo que parece esconderse detrás de todo esto no es un descuido, un garbanzo negro, sino un estilo de hacer política y de gestionar la vida pública que, a la vista de los resultados de las encuestas, a los valencianos nos la trae floja.

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Tampoco tengo claro qué será lo que dirá Camps hoy en su discurso institucional. De nuevo, EL PAÍS me ha echado una mano.

Camps publica hoy un artículo en el suplemento de Comunitat Valenciana de EL PAÍS titulado La ambición de un pueblo.

En él, Camps retrocede a los tiempos de Mari Castaña para hablar de la ambición de los valencianos que canalizaron el agua, plantaron naranjos y arroz, utilizaron la energía hidráulica -en fin-, y construyeron el primer hotel en la costa -todo un resumen del espíritu emprendedor valenciano. Y, además, hace referencia a ese Sueño Valenciano del que ya hablé ayer y que tan bien explica mycroft en su comentario.

A camps, esta vez, no le ha dado por llorar y lamentarse del olvido al que Zapatero tiene relegada esta tierra. Una novedad.

Pero, ¿de qué hablará hoy Camps? Lo más probable es que repita la sarta de lugares comunes, de tópicos y de frases vacías.

A mí me gustaría, sin embargo, que Camps hoy cogiera el toro por los cuernos y, desde el declarado amor que profesa a los valencianos y a las valencianas, anunciara su dimisión, convocara elecciones y no se presentara a la reelección.

Seguramente, el PP volvería a ganar las elecciones -el pueblo es soberano, no debe cabernos la mínima duda-, pero, al menos el PP habría hecho un ejercicio de la honradez que hoy le falta, y el PSPV sabría en el medio plazo cuál es su músculo.

Al menos, así, en la Comunitat Valenciana, habría pasado algo.

Perdonadme la espesura mental del post de hoy, sé que nada de eso va a pasar, de manera disfrutad del  puente.

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A ver si vosotros lo entendéis

Hoy es lunes de resaca postelectoral. No cabe duda, el PP ha ganado las elecciones europeas y, en lo que a nosotros nos afecta, en la Comunidad Valenciana, Camps se ha dado un baño de votos que, personalmente, no me esperaba.

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Foto: EL PAÍS

Más bien creía que, ante la duda que genera la imputación de Camps en un caso de corrupción y las sombras de sospecha que recaen sobre los métodos de gobierno de la Generalitat, los valencianos votarían de otra manera. No es que esperara una derrota del PP valenciano, pero sí un cierto voto de castigo que, por otro lado, veía como lo más lógico del mundo.

Una cosa es que los alicantinos votaran Alperi sistemáticamente a pesar de todo, y otra cosa es que los valencianos hicieran lo propio. Pero sí, los valencianos han dado a Francisco Camps una satisfacción y le permiten dar por buena la “doctrina Fabra” según la cual los resultados electorales son más bien referenda electorales a falta de decisiones judiciales.

Está visto que no entiendo a los valencianos porque, lejos de perder votos, el PP ha aumentado su ventaja respecto al PSPV y ha ganado en todas las grandes ciudades del Comunitat Valenciana excepto en Alcoi. Así pues, los votantes del PP se han movilizado y han cerrado filas a la espera de la decisión última del TSJCV.

Ante esta circunstancia mi pregunta es si los valencianos seguirán manteniendo la fe ciega que demuestran si Camps fuera finalmente acusado de un delito de prevaricación, o algún otro de los imputados fuera declarado culpable de un delito de malversación. Me temo que sí. Y eso abre un escenario muy diferente al que ahora tenemos.

Por su parte, Jorge Alarte, ínclito Secretario General de los socialistas valencianos debe de estar ahora mismo en su casa pensando si se pone una corbata roja o azul, la decisión más importante que tomará hoy. Ya ha superado con creces los cien días al frente de la Secretaría General, pero creo que su nombre y su cara son sólo familiares para algunos de los vecinos de su bloque, el quiosquero y la panadera, así que para qué darle más vueltas.

Con la que ha caído los últimos dos meses, Alarte ha sido un hombre desubicado que ha cedido el protagonismo al Portavoz del Grupo Socialista en Les Corts, Ángel Luna, no sé si por incapacidad para armar un discurso de oposición o porque, en lugar de ser el líder de los socialistas valencianos, es un monigote de trapo que controla Leire Pajín -de Raticulín vendrán trece millones de naves- desde la calle Ferraz.

Es posible que el liderazgo de Jorge Alarte al frente del PSPV -controlado o no desde Ferraz- no sirva de nada a estas alturas, que el papel del PSPV en la política valenciana sea el de un segundón para los restos a la espera de un tiempo mejor en el que el socialismo valenciano sea capaz de hacer ver a los ciudadanos que otras políticas públicas son posibles.

Yo sé que esto eran unas elecciones europeas y que, en el fondo, ni Camps, ni Rajoy, ni Zapatero se jugaban gran cosa salvo desastre. Porque, no nos engañemos, las europeas se votan en clave interna, pero si la cosa va mal se saca la carta de los pueblos de Europa y el bien común, y santas pascuas. Las europeas son como la Supercopa, si se ganan uno es el mejor, si se pierde el trofeo no es importante.

Pero, insisto, que con la que está cayendo ni Alarte ni el PSPV hayan sido capaces de conseguir que los valencianos voten en clave valenciana afinada a la izquierda da una medida bastante acertada de los problemas que, a pesar de todo, sigue arrastrando el socialismo valenciano.

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Polarizados

Este blog nació con un objetivo, encender algunas luces en Alicante y evitar que las que ya existen se apaguen. ¿Qué queréis que os diga? Ahora, visto en perspectiva, pienso que fui un poco -bastante, más bien- pretencioso o que demostré ser un iluso completo. Es difícil que, escribiendo un blog, uno pueda encender o apagar luces, más si uno lo hace desde Cádiz o desde Sevilla -depende del día. En todo caso, sigo en ello porque, entre otras cosas, me ayuda a ordenar las ideas y también porque no me resigno.

Pero no es esa la cuestión que quiero tratar hoy en el post. La cosa no va de luces, la cosa va de polarización.

Lo que me preocupaba cuando empecé a escribir eran dos cosas fundamentalmente. Por una parte, el estado de degradación en el que se encuentra la ciudad de Alicante; o lo que es lo mismo, me preocupaba la degradación de los barrios, de las calles, de los edificios de Alicante.

Por otra parte, me preocupaba el estado de las cosas a nivel valenciano, las políticas de la Generalitat, el descuido de los servicios públicos, la degradación del paisaje, el urbanismo feroz que todo se lo comió.

Además, y como cuestión colateral, me interesaba pensar y escribir sobre el desprestigio de la política y sobre la situación general de la cosa pública en Alicante y en la Comunitat.

No es que haya dejado de interesarme por ello, pero lo cierto que es que cuando pensaba en la situación en la que se encuentran la Comunitat Valenciana, sus ciudades, los barrios, las calles y las casas, me dejé en el tintero las más de las veces, a las personas, los más importantes.

Desde hace algunos meses me doy cuenta de que la situación de las personas es la más preocupante. En la Comunitat Valenciana, en Alicante los ciudadanos se han polarizado de tal manera que la atmósfera es irrespirable en muchos casos. No tenéis más que leer los comentarios del Diario Información. Prácticamente no hay términos medios. También en este blog, la discusión se ha convertido, en algunos casos, en algo tan agrio que he tenido que borrar comentarios por improcedentes e insultantes.

Así, resulta imcompatible estar en contra de la gestión del President de la Generalitat y ser un buen valenciano; es imposible alabar cualquiera de las decisiones de Sonia Castedo -en su más mínima expresión- y, al mismo tiempo, querer el bien para Alicante; no se puede ser republicano y hombre de bien -reedición de la máxima que no sé si conocéis “valencià i home de bé, no pot ser”-; no cabe la posibilidad de criticar ninguna política del gobierno de España sin subirse a la parra y llamar traidor al Presidente del Gobierno.

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Una de las cosas que nos explicaban en la Universidad era que los costes de información eran una de la razones que explicaban la escasa participación política de los ciudadanos. O lo que es lo mismo, saber si un pesticida es o no perjudicial para la salud requería, hasta hace no demasiado tiempo, unos conocimientos de los que sólo los instruídos en la materia disponían.

Internet ha cambiado ese paradigma, el acceso a la información es mucho más sencillo, a sólo una búsqueda en google, de manera que se han reducido a prácticamente cero los costes de información.

En buena lógica, pues, el cambio de modelo de acceso a la información debería habernos traído ciudadanos más informados, mejor posicionados, más conscientes y, por tanto, debería de habernos traído niveles más altos de participación ciudadana y de mayor calidad.

Pero no es así. En contra de lo que pudiera parecer, la información que la mayoría de los ciudadanos manejamos no es más rica, ni más contrastada, ni más imparcial, ni de mejor calidad, sino más sesgada, menos equilibrada, más visceral. De que esto sea así se encargan los partidos políticos, los medios de comunicación, los grupos de opinión, que lanzan sus mensajes al aire para que los respiremos.

Mensajes simplificados, grandes consignas, frases lapidarias, píldoras de información que los ciudadanos ingerimos sin ninguna dificultad y que vomitamos sin el menor problema.

Podéis comprobarlo. Los ciudadanos repetimos consignas en función de los mensajes que, por la mañana, elaboran los partidos políticos  y que los medios de comunicación afines se encargan de propagar, con mayor o menor sesgo.

Ayer por la noche, ví cómo TeleMadrid cubría la información sobre la declaración de Francisco Camps ante el juez y os aseguro que la sensación que tuve fue la de una plácida visita del President al juzgado, arropado por los suyos y jaleado por cientos de adeptos.

Todo esto os lo digo porque, después de mucho tiempo escribiendo en este blog, mi principal preocupación ahora es el aborregamiento al que hemos llegado los alicantinos de uno y otro signo, y el maniqueísmo de los comentarios, los pensamientos y las reflexiones de uno y otro bando. La polarización.

Una polarización que, en realidad, sólo contribuye a simplificar la realidad -muy rica, por otra parte- de la ciudad.

Ayer leía entre los comentarios a una noticia una exaltación de las bondades turísticas de la ciudad de Alicante que era respondida con comentarios a favor y en contra de Francisco Camps o el Presidente del Gobierno.

Bien, pues ni Alicante es la perla del Mediterráneo, ni la culpa la tienen sólo Zapatero o Camps.

A ver si nos vamos enterando. La información está en google. Sólo es cuestión de un click.

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De piedras, ilusiones y guarderías

Luego me dicen que soy un exagerado, que me quemo mucho con la alcaldesa de Alicante y con el Molt Honorable President de la Generalitat Valenciana, pero lo cierto es que las cosas no andan bien por esta tierra.

No se salva ni Jorge Alarte, ínclito candidato socialista a las elecciones autonómicas. Mirad, mirad, cómo se las gasta también Alarte.

Ayer un comentario me alertó de algo sobre lo que no tenía la menor idea porque no soy padre y, por tanto, no como huevos.

Resulta que una guardería de Alicante, la escuela infantil Gran Vía Aventura, llevaba dos años abierta sin el correspondiente permiso municipal, de manera que la Concejalía de Urbanismo envió una orden para que fuera clausurada inmediatamente. Los padres, claro, reaccionaron para evitarse el trago de tener que buscar un nuevo centro para sus hijos a mitad de curso y solicitaron la mediación de la Alcaldesa que, con sus superpoderes, evitó el cierre.

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Sonia Castedo y Enrique Sanus, aunque por una cuestión de identidad supersecreta no debería haberos dado este último dato

Bueno, pues esa es la historia. Pero no creáis que se acaba aquí.

Parece ser que en Alicante existen multitud de guarderías que no alcanzan un nivel suficiente en cuanto a instalaciones, personal, dotaciones, etc. así que el Ayuntamiento, con su alcaldesa al frente, ha decidido hoy comenzar una campaña que durará un mes en la que todas las guarderías de la ciudad serán inspeccionadas para comprobar si, efectivamente, cumplen los mínimos requisitos.

Ante esta situación, las preguntas se le amontonan a uno. No os las pongo todas porque sería un embrollo, pero resumo.

La primera de ellas es ¿cómo es posible que una guardería esté funcionando durante dos años sin permiso municipal en una ciudad de España?

La segunda es si, como parece, existen otras muchas guarderías en Alicante sin el correspondiente permiso municipal ¿a qué está esperando el Ayuntamiento para cerrarlas?

La tercera es, dado que la alcaldesa ha paralizado el expendiente de cierre de esta guardería por la presión de los padres ¿qué le impide paralizar los expendientes de cierre que puedan venir de aquí en adelante? ¿no presionarán los padres a la alcaldesa también en el resto de los casos?

Y, finalmente, ¿cómo es posible que Alicante no cuente con un número suficiente de guarderías públicas de calidad?

Bien, la segunda parte de este post, tiene que ver con el Palacio de Congresos, o Centro de Congresos –para que el Colegio de Médicos no se enfade.

Ayer, durante una entrega de premios en Alicante, el Igualnotant Molt Honorable President de la Generalitat anunció que la primera piedra del Centro de Congresos de la Sangueta se colocará antes de las Hogueras, o lo que es lo mismo justo antes de las Elecciones Europeas, que de eso el Igualnotant Molt Honorable sabe mucho.

Desde aquí suponemos que será después de colocar la última piedra de la Avenida de Dénia que parece que la Generalitat se tomó la cosa con mucha ilusión, pero la ha dejado a medias sine die.

En fin, que Camps dijo que el proyecto del Centro de Congresos le hace una “ilusión bárbara” (sic.) y que es una pieza fundamental para el “concepto de ciudad” (sic.) que el Consell tiene de Alicante. Además, Francisco Camps anunció que se va a hacer un viaje a Boston -suponemos que en avión y no en velero- para negociar que las tres próximas ediciones de la Volvo Ocean Race salgan desde Alicante.

No quiero acabar el post sin recordaros que ayer la alcaldesa de Alicante evitó el cierre de una guardería privada en la ciudad, que existen muchas más que no cumplen los requisitos mínimos que garanticen su actividad, que la proliferación de guarderías privadas es consecuencia de la inexistencia de guarderías públicas, que un 20% de los niños de 3 años de la ciudad se quedarán sin plaza escolar este año, que cientos de niños alicantinos estudian en BARRACONES y que el Centro de Congresos de Alicante costará unos 50 millones de euros.

Sobre la Volvo Ocean Race, hablamos otro día.

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La mayoría absoluta y los valencianos

Veréis, estos lungcancersymptomsreview.com días hemos mybabysittersavampirenow.net estado discutiendo charcoalgrillnow.com en los jcpenneystore.net comentarios al chocolateicecreamrecipenow.com post anterior freeblackberryapps.org sobre la armyelearningnow.net inteligencia de los valencianos. Bueno, sobre eso exactamente no, es cierto, pero la cuestión se ha tratado lateralmente, para qué vamos a negarlo.

Yo no quiero entrar en ello a pesar de tener mi propia opinión sobre la astucia de políticos -de la oposición y del gobierno-,  ciudadanos, empresarios, periodistas, etc. de esta tierra. Me incluyo en el paquete, que quede claro.

El eje de la cuestión ha sido el hecho de que, dadas las circunstancias que alimentan este blog, el PPCV obtenga mayorías absolutas en los ayuntamientos de las principales ciudades valencianas o en la misma Generalitat Valenciana.

Yo sostengo que, a pesar de que la opción política de los ciudadanos es sagrada y el pueblo es soberano, el pueblo puede no acertar en sus decisiones y, que en este caso, los valencianos nos hemos equivocado, al menos en las últimas elecciones municipales y autonómicas.

Llevo bastante tiempo insistiendo sobre lo mismo, de forma que no creo que sorprenda a nadie.

Por otra parte, y también he insistido sobre ello en este blog, la no alternativa a la mayoría absoluta del PPCV es un PSPV que, desde hace bastante tiempo, viaja sin un rumbo definido.

Así las cosas, el panorama pinta poco alentador para el futuro político de los valencianos. En todo caso, vamos a lo que vamos y veremos qué sale de este post.

La gestión de la cosa pública desarrollada por el PPCV ha girado sobre dos ejes principales:

  • Los grandes eventos como motor económico y turístico de la Comunitat Valenciana.

Este fin de semana en Jerez se ha celebrado el enésimo Gran Premio de Motociclismo. La Junta paga el canon correspondiente a la celebración del Gran Premio y, con todo, el saldo positivo es de -creo recordar- 53 millones de euros para la ciudad de Jerez y otros municipios de la Bahía de Cádiz como el Puerto de Santa María.

De modo, que no me malinterpretéis. Los grandes eventos se han convertido en una pieza más de la estrategia turística en el territorio, lo queramos o no.

Sin embargo, el peligro radica en que se conviertan en la única baza que la Administración Pública esté dispuesta a jugar.

En el caso valenciano, la Copa América ha supuesto sin duda un empujón para la imagen internacional de la ciudad de València, nadie lo duda, sin embargo, la obcecación con el formato y con el producto no es el camino.

Creí en su momento, y lo sostengo, que la celebración de un gp de F1 era más un chantaje del Ayuntamiento de València y de la Generalitat Valenciana que una buena idea. Los hechos demostraron que, efectivamente, los valencianos votaron con una sola carta sobre la mesa: la celebración del gp dependía únicamente de la reelección de Francisco Camps como President de la Generalitat. Personalmente que un personaje como Ecclestone sea quien dirija el debate público valenciano me parece poco recomendable.

En Alicante, la salida de la Volvo Ocean Race desde Alicante se tradujo en un buen número de reservas de hotel y cientos de miles de euros gastados por los turistas durante esos días. Sin embargo, nunca oigo hablar de la regata como la Alicante Volvo Ocean Race y me temo que los organizadores del evento no se preocuparon demasiado por que esto fuera así.

Creo, más bien, que la Volvo Ocean Race se utilizó como un instrumento que sirviera a una doble finalidad. Por una parte, compensar el  aparentemente eterno agravio comparativo entre Alicante y València. Por otra, para cegar a los ciudadanos con un gran fiestón que diera apariencia de gran ciudad a una ciudad de provincias venida a menos como Alicante. Siento si soy muy duro, pero es lo que pienso.

  • El sector inmobiliario como foco central de la actividad económica y como polo de atracción turística de esta tierra.

La Comunitat Valenciana se ha convertido en un destino preferente para extranjeros comunitarios que establecen aquí su segunda residencia o, en muchos casos, su residencia definitiva tras su jubilación en sus países de origen. Empezaron a llegar hace dos o tres décadas atraídos por el paisaje de esta tierra, sus playas, su clima y su nivel de vida. Hoy las segundas residencias de Alicante, por ejemplo, suponen un 30% del total nacional.

Durante una década, pues, los esfuerzos del empresariado valenciano se han centrado -y sólo cabe recordar las recomendaciones de algunos patronos autonómicos- en el ladrillo y en los servicios derivados.

La consecuencia: el monocultivo, la destrucción del territorio, la crisis de las industrias tradicionales, el aumento del poder adquisitivo de los ciudadanos al calor del boom inmobilidario, el endeudamiento de las familias, etc.

El riesgo era claro, un estallido de la burbuja supondría la destrucción de cientos de miles de empleos y una profunda crisis social y económica. Pues bien, el riesgo ha pasado de la potencia al acto.

Y vosotros diréis que no es un problema endémico de esta tierra. Y yo os respondo que así es, pero que las consecuencias de la crisis del ladrillo son más profundas, o al menos diferentes, en la Comunitat Valenciana, en les Illes Balears, en Andalucía o en Canarias, que en Cataluña, el País Vasco, Navarra, Cantabria o Extremadura. 

Entre otras cosas porque otras sociedades, otras comunidades autónomas han sabido diversificar sus riesgos; tiene una clase empresarial que sabe que todo lo que rápidamente sube, rápidamente baja; ciudadanos dispuestos a proteger sus territorios por encima del beneficio económico inmediato; medios de comunicación críticos, una sociedad civil viva y dinámica.

De todo esto, creo yo, carecemos los valencianos, y en una situación de crisis como la actual parece claro que los valencianos se equivocaron cuando apostaron por estos dos ejes.

Para que os hagáis una idea, mientras el gobierno de la Generalitat Valenciana ha promovido la celebración de Grandes Eventos en la Comunitat Valenciana, los alumnos de un colegio de Alicante han recibido su educación en barracones prefabricados.

La empresa pública encargada de construir las infraestructuras educativas está en quiebra a pesar de que su sede social le costó el equivalente a la construcción de doce colegios públicos.

La educación, el conocimiento, la tecnología, la innovación y la investigación han quedado relegados a un segundo o tercer plano para las administraciones del PP en la Comunitat Valenciana. Hasta tal punto es así, que los propios ciudadanos se creyeron el engaño y consideran que la construcción de un Parque Tecnológico en la Universidad de Alicante no es una buena idea y que no aportará nada a la ciudad.

Pues en esas estamos.

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La corrupción, el fondo de armario y los ciudadanos

Algo extraño ocurre en este país cuando el alcalde malagueño acusado de corrupción es recibido por sus vecinos con un sonoro y cerrado aplauso.

Algo preocupante está pasando en españa -sí, en minúscula- cuando los partidos políticos no ponen en marcha todos los mecanismos internos necesarios para erradicar la corrupción de sus filas.

Algo malo sucede cuando la respuesta del Partido Popular, ante la imputación de varios cargos electos, no es la expulsión de militancia, sino una actitud chulesca, frentista e impropia de un partido liberal europeo.

Es muy probable que el Partido Popular tenga razón en una cosa -en lo que se refiere, sobre todo, a la Comunitat Valenciana; los ciudadanos reiteran el apoyo al PP elección tras elección de manera inexplicable.

También es muy posible que la corrupción forme parte ya del ADN de las formaciones políticas españolas sin remedio y que el problema vaya creciendo a medida que pasen los años, y la democracia española se consolide.

Y, finalmente, es más que probable que para los ciudadanos la corrupción política haya supuesto un mal menor, frente a los pingües beneficios económicos que la sociedad española ha obtenido durante los últimos años a base de una progresiva relajación de la moral y la ética en la cosa pública.

Ahora bien, creo que los ciudadanos no somos plenamente conscientes del daño colectivo que, con esta actitud nos hemos hecho. Durante los últimos diez años, el crecimiento de la economía española ha estado basado en un sólo elemento, el sector inmobiliario. Ello, a costa de la destrucción del territorio, y la desaparición de hábitats humanos y naturales de alto valor. 

Con ello, además, se han esfumado diez años de alternativas económicas de largo recorrido basadas en la I+D+i en sectores que serán claves en los próximos años -Energía, Aeronáutica, Agua, TICs, Educación, Comunicación, Diseño, Turismo, Ecología.

Si nuestro crecimiento no hubiera estado basado en el ladrillo, seguramente hubiera sido mucho más lento, pero también es muy probable que una buen número de los problemas con los que la sociedad española se encuentra en este entorno de crisis se hubieran suavizado. Estoy pensando fundamentalmente en la tasa de paro actual.

Con todos los recursos públicos malbaratados durante estos diez años, la sociedad española podría haber puesto en marcha programas sociales ambiciosos que, de una vez por todas, hubieran superado los eternos problemas de los servicios públicos españoles; políticas activas de desarrollo sostenible; planes de fomento de la investigación y el desarrollo y la producción industriales más acordes con los retos del siglo en que vivimos.

Seguramente, el historial político español viene a dar la razón a la corrupción política. Al fin y al cabo, siglos de oscurantismo, represión, cortura de miras, oportunidades desaprovechadas, extremismo religioso, etc. no podían ser una casualidad. La clase política española ya había demostrado antes que es hija de la sociedad que dirige.

Y, en el caso del Partido Popular, a pesar de los esfuerzos del PP por anunciar que es inmune a la corrupción política, queda demostrado que nadie lo es en esta España de charanga y pandereta.

Que Camps sea imputado por un chaleco blanco, una chaqueta fantasía, y unos trajes resulta, al final, una cuestión cómica y, como se ha dicho más de una vez, punto chusquera que únicamente demuestra que lo más importante que el Molt Honorable ha hecho durante los últimos años ha sido ampliar su fondo de armario.

Sin embargo, lo extraño de la cuestión es que los mismos ciudadanos que están siendo traicionados día a día por su clase política, la reciban bajo palio y con gozosos aplausos.

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They hold their own penis using a sheet of smoking paper

Hace poco tiempo que entiendo el significado de esta expresión. La había oído mil veces pero, la verdad, no tenía ni la menor idea de qué significaba.

Se la coge con papel de fumar.

Pues ya lo empiezo a entender.

Me había prometido a mí mismo no hablar ni del Bigotes, ni de La Núcia, ni de nada de eso porque es que el tema es de aburrimiento y no descubre absolutamente nada nuevo.

¿O es que no sabíamos todos que el Consell, el PP valenciano, los ayuntamientos de esta tierra y, en general, la clase política valenciana tienen en los genes -aprovecho para remitiros al post de Ricardo sobre Darwin- una tendencia enfermiza al tejemaneje?

Pero como la actualidad es la que manda, pues a su dictado me pliego.

Si ya lo decía yo que Mariano Rajoy no hacía bien en relacionarse tanto con Francisco Camps; si ya decía yo que de la amistad con Paquito -que creo que así lo llaman sus colegas- no podía salir nada bueno.

¿Te lo dije, Mariano? ¿o no te lo dije?

Os resumo la cosa para que nos hagamos todos una idea, aunque en este blog lo tenéis todo muy bien explicado.

Todo empezó la semana pasada. 

Baltasar Garzón iniciaba una investigación para esclarecer una supuesta trama de corrupción en la que estaban implicados los gerentes de una empresa de organización de eventos. Las ramificaciones: Madrid, Cádiz Marbella y la Comunitat.

La empresa en cuestión, Special Events, aunque algunas otras -Pasadena Viajes, Technology Consulting Management, Easy Concept y Servimadrid- también forman parte, aparentemente, de la trama.

Poco a poco hemos ido sabiendo que Special Events y la sucursal valenciana Orange Market -el nombre dice mucho- fueron los organizadores de varios saraos del Partido Popular y afines, aquí y allá. Por ejemplo:

– El mítin final de Rajoy en València.

– El congreso del PP en València.

– Las campañas electorales de Francisco Camps.

– El stand de la Conselleria de Turisme en Fitur.

– Los premios Luis del Olmo de periodismo, en La Núcia.

– La cabalgata de la Volvo Ocean Race.

– La copa América.

– Las manifestaciones del Trasvase del Ebro.

Y que el principal acusado, Francisco Correa, fue testigo de la boda de la hija de Aznar, por su amistad con Alejandro Agag -que, me váis a perdonar, pero tiene nombre de empresa de Aguas-, aunque sea dicho que Anita Aznar y Alejandro Agag –¿Anijandro Azgag o Alejanita Agnar?– tuvieron 25 testigos en su boda.

O lo que es lo mismo, qué nivel, Maribel.

A lo que vamos. La relación entre todas estas empresas y el PP comenzó en la época de Aznar. Pero, como todo lo malo se pega, se mantuvo después en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas gobernadas por los populares. Entre ellas Galicia y, como no podía ser de otra manera, la Comunitat Valenciana, capisci?

Mariano Rajoy partió peras con Correa hace ya un tiempo, pero la cosa continuó con fuerza allí donde la corrupción encuentra el suficiente estiércol como para prosperar. Véase, Madrid y la Comunitat.

La joya de la corona del desmadre valenciano -aún queda mucho por ver- es el intento de compra por parte de Francisco González de un PAI de La Núcia, el PAI Pie de Monte.

Y así se las gastan los miembros del Consell en Les Corts.

Si me decís que la cosa no es para aburrise…

Ah, por cierto, confirmado, en Información no publican nunca mis comentarios.

Buen fin de semana.

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