el retonno

Veréis, está la cosa tan malita que he decidido salir un rato de mi cámara criogénica para comentar la jugada. Es probable que cuando vuelva a meterme otra vez en mi burbuja de frío penséis que para esto mejor me hubiera quedado, pero es un riesgo que asumo de buen grado.

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Dudas, discursos y contradicciones

Llevo por lo menos tres semanas dándole vueltas a dos cosas. La primera de ellas, este post. La segunda, cómo será el discurso institucional de Francisco Camps hoy.

En todo este tiempo, no he sido capaz de dar con una respuesta a ninguna de las dos cuestiones.

No tengo claro cómo enfocar este post. Tengo tal cantidad de puntos de vista para el post que no acierto a escribir tres líneas seguidas sin saltarme el tema y cambiar de tercio. Por suerte, una encuesta publicada hoy por EL PAÍS, me ayuda un poco en la labor.

Según la encuesta, el 53% de los valencianos creen que el President de la Generalitat mintió sobre la cuestión de los trajes. Tal como yo lo veo, no es que el 53% de los valencianos lo crea, es que Francisco Camps mintió; primero sobre quién había pagado los trajes -él no, desde luego-, y después sobre si conocía o no a su amiguito del alma -Camps dijo que no conocía a Álvaro Pérez.

Otra cosa es que el TSJV esté presidido por otro amigote de Camps y que todos hayan jugado al límite de las reglas para ganar.

Además, el 83% de los encuestados cree que en el Gobierno de la Generalitat Valenciana, existe corrupción. Pero la misma encuesta revela que, de celebrarse elecciones, el PP ganaría en número de votos y de escaños.

Del otro lado, sólo el 20% de los encuestados sabe quién es Jorge Alarte, pero considera que el PSOE defiende peor que el PP los intereses de la Comunitat Valenciana. Es decir, ninguna novedad, el mismo panorama de siempre.

Francisco Camps bien podría afirmar “Yo soy Valencia” y quedarse tan pancho porque, de alguna forma es verdad.

Más de una vez me habréis leído perplejo por saber que los vecinos de municipios cuyos alcaldes están acusados de corrupción repiten en las urnas y reeligen al alcalde, incluso lo reciben con aplausos y vítores a su salida del juzgado.

Más de una vez me habréis leído diciendo que, en realidad, todos somos complices del mamoneo de estos años. Los resultados de la encuesta demuestran que es verdad, que todos estamos en el ajo y que la calidad de nuestra democracia es ínfima.

En este caso no se trata de un alcalde, se trata del President de la Generalitat. Los ciudadanos somos conscientes de que algo huele mal en el Palau de la Generalitat, pero aún así, estamos dispuestos a taparnos la nariz y seguir votando  a los responsables de tanta porquería.

Me cuesta entender que un votante del PP, de clase trabajadora, se desayune con el caso Gürtel y no se le atraganten las madalenas, los fartons o el café con leche.

Porque seguramente el coche de Costa, el reloj de Alperi o los trajes de Camps pueden parecer un mal menor, una nimiedad, pero son la materialización del compadreo de la clase política con una panda de chorizos.

Lo que parece esconderse detrás de todo esto no es un descuido, un garbanzo negro, sino un estilo de hacer política y de gestionar la vida pública que, a la vista de los resultados de las encuestas, a los valencianos nos la trae floja.

 dedol

Tampoco tengo claro qué será lo que dirá Camps hoy en su discurso institucional. De nuevo, EL PAÍS me ha echado una mano.

Camps publica hoy un artículo en el suplemento de Comunitat Valenciana de EL PAÍS titulado La ambición de un pueblo.

En él, Camps retrocede a los tiempos de Mari Castaña para hablar de la ambición de los valencianos que canalizaron el agua, plantaron naranjos y arroz, utilizaron la energía hidráulica -en fin-, y construyeron el primer hotel en la costa -todo un resumen del espíritu emprendedor valenciano. Y, además, hace referencia a ese Sueño Valenciano del que ya hablé ayer y que tan bien explica mycroft en su comentario.

A camps, esta vez, no le ha dado por llorar y lamentarse del olvido al que Zapatero tiene relegada esta tierra. Una novedad.

Pero, ¿de qué hablará hoy Camps? Lo más probable es que repita la sarta de lugares comunes, de tópicos y de frases vacías.

A mí me gustaría, sin embargo, que Camps hoy cogiera el toro por los cuernos y, desde el declarado amor que profesa a los valencianos y a las valencianas, anunciara su dimisión, convocara elecciones y no se presentara a la reelección.

Seguramente, el PP volvería a ganar las elecciones -el pueblo es soberano, no debe cabernos la mínima duda-, pero, al menos el PP habría hecho un ejercicio de la honradez que hoy le falta, y el PSPV sabría en el medio plazo cuál es su músculo.

Al menos, así, en la Comunitat Valenciana, habría pasado algo.

Perdonadme la espesura mental del post de hoy, sé que nada de eso va a pasar, de manera disfrutad del  puente.

Espectacular

El President de la Generalitat estuvo ayer en Alicante en la inauguración de las obras de urbanización de IFA. Ahí es nada.

Aparentemente, el Instituto Ferial tiene un proyecto que se llama IFA 2011 Mediterranean Emotions que pretende relanzar el complejo y dotar las institución ferial de nuevas y mejores infraestructuras; imagino que con la intención de convertir a IFA en un referente de las ferias en su zona de influencia (incluyendo Murcia y Almería, supongo).

Aparte de unas simulaciones por ordenador de cómo quedarán los edificios -lo que es al mundo digital, como al real las maquetas-, la web del proyecto, no contiene ninguna otra información. Es decir, nada sobre los objetivos del proyecto, nada sobre su substancia, nada sobre cuál es el área de influencia de IFA y por qué -comparándose en volumen, por ejemplo, con otras ferias-, nada sobre la estrategia que lo sustenta. En fin, nada.

A la presentación de ayer, asistió la creme de la sociedad alicantina -perdonad, que me da la risa-, los alcaldes de varios municipios, el Molt Honorable, del Presidente de la institución, etc.

Precisamente el presidente de IFA, Moisés Jiménez, pronunció las siguientes palabras:

Nos encontramos en una situación socio-económica donde la petición constante a las instituciones públicas y privadas sobre la necesidad de innovar, re-imaginar, efectuar cambios de modelos económicos y organizativos está más justificada que nunca.

¿Qué querría decir? La presentación del proyecto estuvo precedida por una actuación de la Fura dels Bous, fuegos artificiales y ampulosos discursos.

O sea, que un proyecto vacío y caro mientras no se demuestre lo contrario, acompañado de un acto vacío y caro.

Gracias al legado de Eduardo Zaplana, a sus grandes eventos, y al testigo recogido con afán por Francisco Camps, la  sociedad valenciana se ha acostumbrado a que absolutamente todo esté rodeado de un halo de espectacularidad que esconda las vergüenzas, entretenga y distraiga a la vez de los verdaderos problemas. No es más que una reedición del pan y circo, sólo que sin pan.

Perdonadme la comparación, pero me recuerda un poco esos padres que solicitan ayuda a la Supernanny. La Supernanny le dice a los padres del niño rebelde que no todo pueden ser juegos, que los padres deben mandar, saber decir que no, dar ejemplo.

Los valencianos somos los niños, nos hemos acostumbrado al juego, al espectáculo y la vacuidad. Con la abundancia de estos años, nos hemos vuelto perezosos, acostumbradizos -si Costa se puede inventar insevero, yo puedo inventarme acostumbradizo- y un poco impertinentes, perdonadme otra vez. El Consell y Camps a la cabeza no ha hecho nada por evitarlo, al contrario, ha alimentado nuestras ganas de buena vida y ha dado alas al sueño valenciano del que habla mycroft en un comentario.

Sin embargo, los valencianos seguimos levantándonos a las siete de la mañana para ir a trabajar, no nos hemos convertido en bonvivants, ni conducimos coches de lujo, ni desayunamos en Tiffany’s. Al contrario, cada vez tenemos problemas más graves, de degradación del territorio, en el mercado de trabajo, en el sector turístico, en los sectores tradicionales, en el sector inmobilario, pero sobre todo tenemos un problema con nuestra clase política, son los padres irresponsables.

Propuestas o vaguedades

Herido en mi orgullo de blogger, recojo el guante que hace un par de días Riskott me lanzó en un comentario al post sobre la entrevista a Sonia Castedo. La historia es, muy resumida, la siguiente. De todo lo que la Alcaldesa de Alicante dijo hubo algo que me extrañó especialmente: 

Pregunta: Además de los servicios y la construcción, ¿qué alternativas tiene Alicante para generar empleo?

Respuesta: Dígame una sola. Si alguien me dice qué posibilidades hay, nos ponemos en marcha.

Curiosa respuesta para un responsable público, ¿no? Si la Alcaldesa no tiene ninguna idea sobre cómo dinamizar la vida económica alicantina, apaga y vámonos.

Pero no es eso lo que os vengo a contar hoy. Riskott, con buen criterio, me hizo notar que las propuestas que yo puse sobre la mesa en el post eran voluntariosas, pero demasiado vagas. Y aquí estoy para enmendar mi vaguedad, no sé si con propuestas más concretas, pero sí con un post para redimirme. No creo que lo consiga.

Antes de nada, quisiera dejar claro lo siguiente. Si cuando accedió a la alcaldía de la ciudad la Alcaldesa de Alicante no trazó una hoja de ruta de lo que debía ser su mandato, empezó mal.

Pero, fuera como fuera, la Alcaldesa de Alicante no tiene ideas sobre cómo suoperar la dicotomía construcción/servicios en la base de la economía alicantina.

Antes de empezar, convendría tener claro lo siguiente:

1. Alicante no es una isla incomunicada con el resto del territorio de la provincia.

La ciudad está rodeada de un área metropolitana, y la provincia cuenta con, al menos, dos ejes importantes de población y de actividad económica: Benidorm y Elx.

Si la Alcaldesa de Alicante está buscando alternativas de empleo al sector de la construcción y al sector servicios sería bueno que empezara por mirar a su alrededor para analizar cuáles son las posibles sinergias que la ciudad puede crear con su área metropolitana y con el resto de la provincia.

Los instrumentos con los que el Ayuntamiento de Alicante cuenta son escasos y, seguramente, es eso lo que la Alcaldesa quería decir con su respuesta. Sin embargo, la ciudad puede generar economías de escala colaborando con los ayuntamientos de Elche o Sant Vicent, municipios menos enfocados al sector servicios.

2. ¿Es necesario cambiar substancialmente el modelo económico alicantino para crear empleo? 

Alicante es una ciudad turística, comercial y de servicios. Lo ha sido durante décadas y su historia es la de una ciudad eminentemente comercial. 

Para que os hagáis una idea, en Alicante existen 12.185 empresas de servicios frente a 823 empresas dedicadas a la industria, o 1.521 empresas vinculadas al sector de la construcción. En Alicante hay 73 establecimientos hoteleros -pensiones, hostales y apartamentos incluídos-, 403 restaurantes, cafeterías, bares o cafés, 211 bancos y 216 cajas de ahorro.

El 85,67% de la población trabaja en el sector servicios. Sólo un 6% trabaja en el sector industrial -en 794 industrias manufactureras y 25 empresas dedicadas a la producción y distribución de energía-, mientras que el sector de la construcción ocupa a un 7,72% de los trabajadores.

La vocación económica de la ciudad es bastante evidente y la capacidad de sus empresas para crear empleo también lo es.

Sin embargo, la ciudad cuenta con suelo industrial, en el área metropolitana el peso de las industrias es mayor que en la capital, y, por último, otros municipios de la provincia tienen una vocación más claramente industrial que la de Alicante.

Con todo ello en la mano, mi respuesta a la pregunta es que el Ayuntamiento de Alicante debe intensificar sus esfuerzos por situar al sector servicios en la punta de lanza de su modelo económico, pero debe también incrementar el peso de determinado tipo de industrias en el balance económico de la ciudad.

En el sector turístico, es necesario que la ciudad mejore sus accesos, ordene su crecimiento, recupere su patrimonio arquitectónico, incorpore nuevas tipologías a su oferta de turismo, innove en los reclamos turísticos que ofrece y ponga el acento en la calidad. En resumen, que el Ayuntamiento de Alicante supere efectivamente la combinación sol y playa como centro alrededor del cual gira la oferta turística de la ciudad.

En el sector servicios, el Ayuntamiento de Alicante debería ser capaz de facilitar y clarificar los trámites para la creación de empresas, reducir las cargas fiscales que dependen de él y orientar la reconversión de las empresas del sector inmobiliario hacia sectores de actividad más acordes con la realidad económica actual y de mayor proyección futura.

Los diferentes proyectos museísticos, culturales y de ocio que tanto el Ayuntamiento, como la Generalitat Valenciana o el Gobierno Central han puesto en marcha en Alicante -Ciudad de la Luz, Casa del Mediterráneo, MARQ, Fábrica de Tabacos, etc- pueden servir como palanca de tracción de otro tipo de actividades vinculadas a ellas. Convenientemente gestionadas -pienso sobre todo en la Ciudad de la Luz- pueden constituir un buen polo de atracción económica y de generación de oportunidades de negocio. El Palacio de Congresos y la Casa del Mediterráneo se encuentra también en la línea de estos proyectos.

En sector industrial, es importante que recordemos que un buen número de empresas están vinculadas al sector de la construcción y que la manufactura alicantina es escasa. Sería necesario, en este terreno, que el Ayuntamiento de Alicante, en colaboración con la Universidad de Alicante, animara a la inversión industrial en la ciudad en aquellas actividades industriales que suponen una oportunidad para la provincia. Estoy pensando en sectores como el de las técnicas de ahorro, reciclado y desalación de agua, el aprovechamiento de la energía solar, la innovación en materiales de construcción y en técnicas constructivas, la recuperación paisajística, las técnicas agrícolas, etc. Para eso es necesario que el Parque Tecnológico de la Universidad de Alicante sea una realidad. Hace falta investigación, desarrollo e innovación constantes.

Aquí, como en otros casos, la colaboración con el resto de municipios de la provincia es fundamental.

3. Superar la dependencia del ladrillo.

La mayor parte de la riqueza generada durante los últimos años en Alicante ha provenido del sector de la construcción y del sector servicios.

A lo largo de estos últimos años, el empresariado de la provincia de Alicante ha abandonado sectores tradicionales de actividad -muebles, alfombras, juguetes, calzado- para concentrar todos sus esfuerzos de inversión en el sector inmobiliario. En gran medida, la crisis de estos sectores responde al trasvase de capital desde la industria tradicional al sector inmobiliario.

Las empresas alicantinas deberán hacer su propia travesía del desierto. Efectivamente, el Ayuntamiento y el resto de AAPP puede hacer algunas cosas para ayudar, pero los instrumentos de los que dispone Sonia Castedo para eso son limitados.

En gran medida, dependerá de su capacidad para reformular su propio discurso y enfocarlo hacia la recuperación de los sectores tradicionales de actividad, mediante una apuesta clara por modificar el paradigma productivo de la ciudad, y de las sinergias que genere con el resto de municipios del área metropolitana de Alicante.

En definitiva, lo que la Alcaldesa puede hacer por Alicante para que las empresas vuelvan a generar empleo es una tarea ingente, a medio y a largo plazo, que requiere colaboración con el resto de Administraciones Públicas y municipios del área metropolitana, que necesita grandes dosis de colaboración y para la que, personalmente, todavía no ha demostrado cualidades.

Perdonadme el ladrillo.

Benidorm, tránsfugas y papeletas

Benidorm, capital del turismo de la Costa Blanca -o la Costra Blanca-, modelo del desarrollo urbanístico de los sesenta y los setenta, paradigma del pelotazo en los noventa, paraíso de jubilados, meca de guiris sedientos de alcohol, botón de muestra de la destrucción salvaje del entorno natural; Benidorm, la de los rascacielos, Manolo Escobar y hasta una canción de Sir Paul McCartney.

Benidorm, en suma.

Benidorm de flickr.com

Como sabéis, desde hace algunas semanas se viene fraguando en Benidorm una jugada de estrategia para desalojar al PP de la Alcaldía de la ciudad. Una especie de dejà vu de la política benidormense.

Hace 18 años una concejala tránsfuga del PSOE dio la alcaldía a un señor llamado Eduardo Zaplana -sí, el mismo Zaplana que era alcalde de la ciudad cuando se incendió el bosque donde ahora está Terra Mítica- dejando al PSOE fuera del gobierno municipal durante todo este tiempo.

Hoy la historia se repite, los protagonistas son prácticamente los mismos, los papeles se han intercambiado. José Bañuls, hasta hace poco concejal del PP en el Ayuntamiento de Benidorm abandonó su partido hace unas semanas y amenaza con convertirse en la llave que dé la alcaldía al PSOE, moción de censura mediante.

No os voy a dar los detalles escabrosos, podéis encontrarlos aquí, aquí o aquí.

Lo que ha pasado estas semanas en Benidorm y su previsible final, una moción de censura al Alcalde popular, el comportamiento de los concejales socialistas y el sainete montado alrededor de todo ello son negativos para el partido en la ciudad, para el socialismo valenciano y, así lo creo, para la política valenciana.

Los concejales díscolos dirán que lo hacen por la gobernabilidad de la ciudad, pero eso es sólo una verdad a medias, cuando no una mentira.

Todo esto ha puesto sobre la mesa la capacidad de liderazgo de Jorge Alarte. Incluso habiéndose opuesto a la moción desde el primer instante, Alarte ha sido incapaz de frenar las intenciones de los suyos. Ni siquiera el apoyo de la Ejecutiva Federal del PSOE ha sido suficiente, lo cual dice poco de lo amarrado que Alarte tiene al partido.

También ha puesto en solfa la figura de Leire Pajín dentro del PSOE -recordad que entre los concejales díscolos se encuentra la madre de la número tres del PSOE, sea lo que sea que eso significa. Independientemente de la filiación personal, tampoco la número tres del PSOE ha hecho gala de una especial capacidad para contener la rebelión.

Y, por último, deja al partido en un extraño limbo. Si bien es cierto que los concejales se han autoexpulsado del partido, es poco probable que el PSPV tenga suficiente capacidad como para armar un nuevo liderazgo político en Benidorm. Y, en esas circunstancias, ¿a quién darán su voto los ciudadanos que votaron la lista socialista? ¿A los concejales díscolos o a la nueva lista del PSPV en Benidorm?

Más allá de los problemas del PSPV y del cálculo electoral, además, está la imagen de desgobierno que destila el ayuntamiento de Benidorm y el lamentable espectáculo que ambos partidos han dado en las últimas semanas. La política valenciana, a mi modo de ver, sale debilitada, más incluso de lo que ya lo estaba.

Los concejales socialistas en el ayuntamiento de Benidorm se han comportado de forma egoísta, revanchista y barriobajera. Ojo por ojo, diente por diente, sin medir las consecuencias de sus actos. A los ojos de los ciudadanos, la política municipal es únicamente un toma y daca personal entre cargos públicos cuyo objetivo no es la buena gestión de la cosa pública sino la gestión del poder, por el poder.

Por último, el caso de Benidorm, ha puesto sobre la mesa la inutilidad del pacto político en España. Aunque PP y PSOE firmaron hace unos años un Pacto Antitransfuguismo para evitar situaciones como ésta, la norma se incumple constantemente y ambos partidos han sido capaces de inventar subterfugios para justificar los incumplimientos particulares del pacto.

Si el objetivo elevado de los concejales socialistas era la gobernabilidad de Benidorm, existían otras vías, menos finalistas quizá, pero más dignas.

Por ejemplo, cabía la posibilidad de forzar un cambio interno dentro del grupo popular, cabía la posibilidad de denunciar a los ojos de los ciudadanos la aparente dejadez del alcalde en sus funciones, cabía la posibilidad de permitir a la secretaría general del partido liderar esa presión convirtiéndola en un ejemplo claro de su proyecto político para la Comunitat Valenciana, cabía la denuncia de las eventuales irregularidades en el consistorio ante la Sindicatura de Comptes o ante los tribunales correspondientes.

Cabían, pues, otras opciones que hubieran permitido evitar este sainete y las consecuencias políticas que se le adivinan.

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